La “ansiedad” es una especie de prisa interior permanente. La persona puede mostrarse serena por fuera, pero por dentro está acelerada.

Siente una necesidad imperiosa de resolver pronto todas las dificultades y de hacerlo todo inmediatamente, como si todo fuera urgente o indispensable. Es un problema relacionado con el tiempo.

 La persona quiere terminar rápidamente todo lo que tiene que hacer, sin dejar nada pendiente. Entonces, su mente siempre va más adelante que su cuerpo. Cuando está haciendo algo, está pensando en lo que tendrá que hacer después. No se detiene en nada con profundidad, no está con todo su ser en ninguna tarea y en ninguna cosa.

Por esta misma ansiedad, no puede disfrutar plenamente de ninguna actividad, ni darle un sentido profundo a lo que hace.

Con el tiempo, la persona siente que no está viviendo, y es como si postergara la vida para el futuro.

Al no haber vida real, tampoco es real su relación con los demás. No dedica toda su atención a las personas que trata. Las escucha pensando en lo que tendrá que hacer después. Así, con el tiempo, las relaciones con los demás se lastiman y al final sólo queda una triste soledad.

Esa ansiedad es un veneno. La tensión psicológica termina afectando al cuerpo, que no puede resistir esa prisa permanente del sistema nervioso. Entonces se producen enfermedades: alergias, problemas digestivos, palpitaciones, además del desgaste y del cansancio del sistema nervioso.

Por todo esto es tan importante que nos detengamos a buscar motivaciones para que la ansiedad no domine nuestras vidas. Muchas personas, cuando han comenzado a sanar la ansiedad, han empezado a liberarse de muchos males.