En todo lo que nos rodea en la vida, siempre nuestra actitud frente a los acontecimientos determina el futuro y los pasos a seguir; nuestra actitud  y lo que nos toca vivir es lo que nos define como personas, como sociedad y como pueblos.

Si mi percepción es positiva, todo lo que me rodea será positivo. Por el contrario, si mi visión y mi acción es negativa, negativos pues serán los resultados que obtenga.

La realidad que me toca no debo enfrentarla; debo saber convivir con ella y sacarle provecho para mi bien.

Hoy es el futuro que tanto me inquietaba ayer, y según cómo actué hoy, no cabe duda que cimiente mi futuro. Mi presente tiene incidencia sobre mi futuro. Si hoy construyo mi vida sobre valores de concordancia, paz y serenidad, eso también lo transportaré a mi mañana, y si en mi mañana me toca enfrentar algún imprevisto para lo cual no estoy preparado, seguramente sabré tomarme las cosas con más calma y más naturalidad. Si mi espíritu hoy está tranquilo y mañana surge un imprevisto, sabré cómo soportarlo.

Si hoy estoy ansioso, nervioso, “mi tiempo no alcanza”; si vivo “a full”, seguramente mañana, ante un imprevisto “estallaré”, y no sabré como resolver una situación adversa.

Hoy  vivo, comparto y me integro en función de lo que deseo para mi mañana. No puedo pensar en un mañana bondadoso si hoy no vivo en función de ello, haciendo el bien permanentemente, aún al dar una repuesta verbal. Un sí, cordial, un tiempo para dedicar a la escucha del otro, sin interponer mi problema al otro que quiere hablarme, eso también es trabajar y vivir por la paz y el bienestar.

Todo, inexorablemente, todo en nuestra vida tiene un tiempo de maduración, un tiempo de gestación. El roble no es robusto de la noche a la mañana; comienza siendo una simple semilla, como cualquier cosa en esta vida, como nosotros mismos, nacemos ante todo, antes que seamos embriones, como un deseo de nuestros padres. Somos la prueba más contundente de la realización de un sueño, primero fuimos gestados en el deseo de nuestros padres, y hoy, ya desarrollados, podemos leer estas líneas. Así es cada cosa en nuestra vida, surge a partir de un deseo y luego llega a su plenitud si fuimos lo suficientemente constantes en poder llevarlo a cabo.

El tiempo es nuestro gran aliado en el camino de la vida, nuestro gran consejero; él cura cualquier herida y cualquier dolor. Tiempo al tiempo, todo llega en nuestra vida, pero para ello, debemos tomar partido y comprometernos a ir hacia aguas profundas; los mejores peces están mar adentro, si sólo me quedo en la orilla, mi pesca será pobre.

Siempre en nuestras vidas existirá un tiempo próspero otro no tan bueno; así es la vida y no habrá nada que podrá modificarlo, porque son sus ciclos naturales: llueve y sale el sol, y ambos son necesarios para la cosecha. No podemos tener una vida en la que existen solamente el día y el sol, como tampoco podremos tener una vida en donde todo sea lluvia; ambos elementos son imprescindibles en nuestra vida y debemos saber convivir con ellos y adaptarnos para vivir en armonía con todo lo que nos rodea.

Somos lo que queramos ser, siempre que no nos dejemos invadir por el pesimismo y el “no se puede”; si así fuera, estaríamos condenados a vivir en la desesperanza. Yo espero siempre algo mejor que está por venir mañana, pero para ello, me preparo hoy, viviendo desde lo positivo y agradeciendo a la Vida por todo lo que me ha brindado.