“Nada sale más caro, nada es más estéril que la venganza.”

                         Winston Churchill

Está claro que cuando escribió “El infierno son los otros”, Jean-Paul Sartre sabía algo de lo que se siente cuando se alberga un resentimiento. Es muy natural que nos resulte difícil perdonar a alguien cuando nos ha hecho algo terrible, pero es indispensable que lo intente- y que lo consiga-; de otro modo solo estará volviendo a herirse a sí misma/o. No puede seguir avanzando en la vida si continúa insistiendo en las viejas heridas y vuelve una y otra vez sobre algo que ocurrió en el pasado.

Los pensamientos de venganza la/o hieren mentalmente, haciendo que se sienta descontenta/o, cínica/o y preocupada/o. También le hacen daño físicamente y la/o separan de su lado espiritual, con lo que se sentirá desconectada/o de la vida, como una vieja vaina reseca, sin jugo y sin esencia. No es casualidad que todas y cada una de las grandes tradiciones religiosas del mundo hayan enseñado que el perdón es el primer y más importante paso en el camino hacia la realización espiritual y el auténtico contento.

Intente buscar otra manera de ver aquello que necesita perdonar. Con frecuencia es más fácil al menos comprender a otra persona después de haberse “puesto en su lugar”. Esta es la razón de que tantas personas a menudo desarrollen una relación mejor- o al menos distinta- con sus padres después de haber tenido hijos ellos mismos. Recuerde que todo el mundo aporta distintos puntos fuertes y débiles a cualquier situación, que la mayoría de las personas hacen las cosas lo mejor que saben, y que es difícil ir más allá de la genética y los talentos que han heredado: cada uno es como es. Recuerde también que el perdón no significa que esté diciendo que lo que una persona le ha hecho es aceptable… o que va a olvidarse de ello. El perdón significa que no va a permitir que la cólera la/o siga dominando. Se está usted liberando a sí misma/o.