¿Tiene un historial de atraer a parejas o amigos que la/o hacen desgraciada/o? ¿O de acabar en empleos y en relaciones que, en último término, no la/o llevan a ninguna parte? Si es así, puede suponerse sin temor a equivocarse que, a algún nivel de su ser, no se considera digna/o de disfrutar de una situación mejor; o que, por alguna oscura razón profundamente enterrada, no se la merece. Probablemente sea doloroso- en el mejor de los casos, penoso-, pero si quiere escapar de esta pauta de comportamiento, necesita pensar largo y tendido para tratar de comprender por qué elige personas o situaciones que son de algún modo inadecuadas para usted. Los timbres de alarma deberían dispararse si se reconoce en alguna de las siguientes actitudes:

Dejar sus propios deseos en último lugar con el fin de no disgustar o molestar a otras personas.

Cerrar los ojos ante los malos tratos físicos o verbales; pensar incluso que de algún modo es usted la/el culpable de que se produzcan.

Sentirse cómoda/o solo cuando no requieren de usted que haga o diga algo que la le lleve más allá de los límites en lo que se siente a gusto.

Ya sea en el hogar o en trabajo, las relaciones suponen desnudarse en diferentes grados de intimidad física, emocional o espiritual. Observe en quién confía para contemplar su cuerpo, escuchar sus pensamientos y compartir sus sueños, a quién le está permitiendo que influya en el rumbo que toma su vida.