Hay quien dice que los palos y las piedras pueden romperte los huesos, pero las palabras duras pueden hacer todavía más daño. La investigación muestra que discutir con la persona más cercana y más querida le hace más vulnerable a una serie de infecciones víricas y baja las defensas del organismo. Y lo más destacable es que las mujeres sufrirían más daños que los hombres, posiblemente porque también se les da muy bien almacenar los resentimientos y preocupaciones para rumiarlos más tarde. De manera que, cuando aparezca un problema importante en el horizonte, tome medidas para ocuparse de él en ese mismo momento y lugar.

Sepa cuál es el momento adecuado para hablar de ello. La gente tiene tendencia a hablar de sus problemas con el dinero, su vida sexual, sus hijos y su futuro cuando está de mal humor… lo cual puede hacer que todo parezca mucho más negro de lo que es. En cambio, si decide hablar cuando se siente bien y tranquila/o, el problema puede parecerle muy distinto.

Exprese sus emociones.

Tómese tiempo para calmarse. Su primera reacción podría ser: “Estoy harta/o de ti; me voy!. Pero, antes de decir algo de lo que podría arrepentirse, tiene que resolver si merece la pena salvar la relación.

Escuche. Tiene que oír de boca de la otra persona su punto de vista sobre lo que ha provocado el problema; entonces podrán planear lo que van a hacer, es de esperar que juntos.

No perdone con demasiada facilidad. La otra persona debe demostrar que también quiere cambiar las cosas; de otro modo se estará colocando usted a la altura del betún.

Siga adelante. Resuelva el problema, deje tranquilo el pasado y vuelva a empezar.